Sandra Velázquez
Licenciada en Psicología
El término resiliencia es poco conocido por muchas personas en México. En otras ciudades del mundo, hace una veintena de años, se le empezó a aplicar a las ciencias de la salud mental, importándolo de disciplinas como la física y la mecánica, para referirse a la resistencia de algunas personas a los golpes fuertes de la vida, es decir, al temple de su personalidad bajo condiciones adversas(González, 2006).
De acuerdo con Kotliarenco et al. (1997) el interés por estudiar el concepto de resiliencia deviene al menos de tres áreas de investigación: la primera proviene de Meyer (1957) quien señala que cuando las personas enfrentan una situación difícil, es necesario conocer cómo las resuelven y qué experiencias previas retoman, para identificar cómo se da ese proceso; en segundo lugar, Thomas y colaboradores (1963) hacen mención de los estudios sobre temperamento, implementados por diversos investigadores en los Estados Unidos en la década de los sesentas; y en tercer lugar, la consistencia que muestran los datos empíricos respecto de las diferencias individuales que se observan al estudiar poblaciones de alto riesgo, observación referida a los hijos de padres mentalmente enfermos realizadas por Rutter (1966, 1987).
Posteriormente Werner, (1992 citado en Munist et al., 1998) estudió a un grupo de personas desde el nacimiento hasta los 40 años. La investigadora notó que algunos niños que estaban aparentemente condenados a presentar problemas en el futuro, llegaron a ser exitosos en la vida, a constituir familias estables y a contribuir positivamente con la sociedad. La observación de estos casos condujo a la autora, en una primera etapa, al concepto de «niños invulnerables»; entendiendo el término “invulnerabilidad” como el desarrollo de personas sanas en circunstancias ambientales insanas.
Sin embargo, Rutter (1985 citado en Kotliarenco et al., 1997) afirmó que este concepto resultaba confuso y equivocado por al menos tres razones: la resistencia al estrés es relativa, no absoluta, en tanto que no es estable en el tiempo y varía de acuerdo con la etapa del desarrollo de los niños y de la calidad del estímulo. Es decir, las raíces de la resistencia provienen tanto del ambiente como de sus propias características, el grado de resistencia no es estable, sino que varía a lo largo del tiempo y de acuerdo a las circunstancias.
Después de haber revisado los orígenes de la resiliencia, me enfocaré en describir el concepto de resiliencia.
Manciaux (2001) se refiere al concepto de resiliencia como la capacidad de una persona o de un grupo para desarrollarse bien, para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves. Este autor señala otra definición propuesta por Vanistendael (1996), refiriéndose a la resiliencia como: la capacidad de tener éxito de modo aceptable para la sociedad, a pesar de un estrés o de una adversidad que implica normalmente un grave riesgo de resultados negativos.

Señalo finalmente algunos aspectos centrales de la resiliencia de acuerdo a Manciaux (2001):
Nunca es absoluta ni lograda para siempre. Es una capacidad que resulta de un proceso dinámico, evolutivo, que varía según las circunstancias, la naturaleza del trauma, el contexto sociocultural y la etapa de la vida. Sin embargo, existe una constante: las personas salen renovadas, creativas y optimistas de las más oscuras encrucijadas.
En conclusión, podemos considerar la resiliencia como la capacidad que poseemos los seres humanos para asumir con entereza situaciones dolorosas y adversas, con la consecuente posibilidad de superarlas.
Referencias:
González, M. (2006). Propuesta de evaluación de características, repertorios y condiciones para la resiliencia en adultos en vista de acciones de prevención. Tesina de Licenciatura para obtener el título de Licenciado en Psicología, Facultad de Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México, México.
Kotliarenco, M., Cáceres, I. y Fontecilla, M. (1997). Estado del arte en resiliencia. Washigton, D.C.: Organización Panamericana de la Salud. En línea http://www.paho.org/Spanish/HPP/HPF/ADOL/Resil6x9.pdf recuperado el 20 de septiembre de 2008.
Manciaux, M., Vanistendael, S., Lecomte, J. y Cyrulnik, B. (2001). La resiliencia: estado de la cuestión. En Manciaux, M. La Resiliencia: resistir y rehacerse. Págs. 17-27. Barcelona: Gedisa.
Munist, M; Santos, H.; Kotliarenco, A.; Suárez, E. N.; Infante, F. y Grotberg, E. (1998). Manual de identificación de la resiliencia en niños y adolescentes. Washigton, D.C.: OPS, OMS, F.W.K. Kellogg y Autoridad Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI).