Daniela León Cervantes
Licenciada en Psicología

¿Alguna vez te has preguntado cuántas horas dedicas a tus dispositivos electrónicos?

La tecnología se ha vuelto parte fundamental de nuestra vida cotidiana, la usamos constantemente, para trabajar, para estudiar, para divertirnos o sólo para matar el tiempo. Vamos de la Smart TV a la computadora, luego a la tableta o al celular —que siempre tenemos a mano— y después de regreso. Plataformas de streaming, juegos en línea, redes sociales, noticias, reportes de clima y tráfico, y últimamente, respuestas de la inteligencia artificial, alternan la pantalla con actividades académicas y laborales. Sin embargo, aunque esto se haya normalizado, no necesariamente es saludable, incluso para algunas personas el uso excesivo de dispositivos electrónicos puede derivar en conductas compulsivas que generan conflictos.

Es cierto que la tecnología ha facilitado nuestra vida, la comunicación se ha revolucionado y democratizado, contamos con información inmediata y diferentes puntos de vista, tenemos cada vez más opciones de desarrollo, como la educación en línea, el trabajo remoto y la terapia virtual. Estamos de acuerdo, en que la tecnología ha mejorado nuestras vidas de muchas maneras, y ha transformado nuestra sociedad.

Sin embargo, por muy interesante y funcional que sea, si la tecnología no se usa de manera responsable, puede traernos consecuencias negativas, por ejemplo: sedentarismo, dificultades para conciliar el sueño, problemas para concentrarse, asilamiento social, exposición al ciberacoso y a contenido nocivo. Aunque quizá uno de los daños más perjudiciales sea la dependencia.

¿En qué momento el uso de la tecnología se vuelve una adicción? Antes de responder esta pregunta debemos saber que esta condición no se limita al consumo de sustancias, también existe dependencia a situaciones e incluso a personas. El riesgo surge cuando se descuida la rutina diaria para dedicar más tiempo al objeto de la dependencia, cuando se abandonan actividades laborales, académicas, recreativas y sociales. Este abandono refleja un deterioro gradual que conduce al autoaislamiento. Después de todo, como señaló el catedrático en psicología Enrique Echeburúa, «Las adicciones, con o sin droga, son una patología de la libertad».

Exploremos a continuación algunas circunstancias que nos pueden orientar respecto al uso perjudicial de la tecnología.

Consecuencias del empleo excesivo de dispositivos electrónicos

  • Cansancio y apatía. Privarse del sueño por pasar más tiempo frente a la pantalla genera agotamiento, irritabilidad e incluso apatía, hay menos energía durante el día, menos tolerancia, se dejan de disfrutar actividades que antes resultaban placenteras.
  • Distraibilidad. Exponerse constante a la sobreestimulación visual y auditiva de los dispositivos electrónicos, la brevedad y simplicidad de los contenidos generan dificultades para mantener la atención por periodos largos y en materiales medianamente complejos.
  • Impulsividad. La gratificación inmediata ofrecida por las aplicaciones electrónicas disminuye la tolerancia a la frustración.
  • Aislamiento social. Paulatinamente se destina más tiempo a la tecnología que a las relaciones interpersonales, hasta que éstas pierden relevancia.
  • Síndrome de abstinencia. Reacciones violentas, ansiosas o de pérdida ante la falta de dispositivos electrónicos.
  • Deterioro físico. El sedentarismo, la irregularidad en el descanso y la alimentación repercuten negativamente en la fisiología.

Estas consecuencias pueden afectar significativamente la vida de una persona, al grado de restarle ya no sólo bienestar, sino también funcionalidad, lo que puede desembocar en  psicopatología.

¿Qué podemos hacer si ya están presentes estas consecuencias?

En primera instancia es necesario aceptar que existe un problema, después es indispensable el deseo de cambiar, finalmente, buscar apoyo en el círculo social inmediato y conseguir ayuda profesional.

Las circunstancias que llevan a una persona a refugiarse en conductas adictivas pueden ser muy diversas, por lo que es necesario tener un tratamiento específico y especializado que contribuya a identificar las causas subyacentes para conseguir soluciones y estrategias a largo plazo. Sin embargo, pueden considerarse algunas medidas generales:

  • Crear espacios y tiempos libres de tecnología.
  • Realizar actividad física.
  • Fomentar la interacción cara a cara.
  • Promover la lectura en medios impresos (libros, revistas).
  • Fortalecer relaciones interpersonales.
  • Hablar con personas en circunstancias similares. 
  • Buscar ayuda profesional.

Por supuesto, estas medidas son un primer paso para enfrentar las consecuencias problemáticas, ya que si existe una adicción, el trabajo tomará tiempo y compromiso; es decir, si la persona tiene suficiente disposición, realiza esfuerzo constante y cuenta con una red de apoyo, seguramente conseguirá superar la situación, además de adquirir herramientas para enfrentar obstáculos posteriores.

Referencias


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